viernes, 30 de enero de 2009

Una pequeña guía sobre lo ya publicado


Bueno, cuatro días van ya desde la creación del blog y cuatro son los relatos o fragmentos publicados. ¡Por otro lado debo decir que este blog ya tiene su primer seguidor! ¡Muchas gracias a Griselda por sus comentarios y por suscribirse!

También gracias a los lectores que permanecen en el anonimato y han echado un vistazo a la página. Espero que os sirva para pasar un buen rato.

Quería hacer algunos comentarios sobre las etiquetas en las que englobo las historias hasta ahora expuestas, para que os imagineis un poco lo que pasa por mi mente sobre ellas, cúal es su propósito y tengais una idea aproximada de cuál será su duración:

- Relatos autoconclusivos: el nombre de esta etiqueta habla por si mismo: en este apartado iré añadiendo relatos con un principio y un final en la misma entrada.

- El sueño de los hechiceros: esta en un principio es una historia corta, dividida en tan solo dos partes, lo cúal significa que ya habeis leído la mitad de esta. Esta basada en un sueño que tuve hace poco, aunque con algunos adornos y omisiones para que no resulte tan extravagante como las cosas que pasan por mi mente. Por ejemplo, en este sueño, cuando la muerte jugaba al ajedrez con el recien difunto, se expresaba y movía como un cantante de hip hop, cosa que ciertamente no habría cuadrado mucho con el tono del resto del relato.

- Las aventuras del Capitán Galván: mi idea aqui es crear una historia con continuidad indefinada, sobre las peripecias de este personaje y su peculiar tripulación. Mi idea inicial sobre este quijotesco personaje es convertirlo en una mezcla entre Jack Sparrow y el Barón de Munchausen, y, aunque por ahora solo he hecho presentaciones, pretendo crear con ello una historia hilarante bastante alejada de todo lo considerado racional y de sentido común. Extrañas peripecias esperan al Capitán y su desmadrada tripulación.

- Recuerdo confuso: algunos ya sabeis que estoy escribiendo un libro aparte de todo esto (quizás más adelante exponga algún fragmento, o hasta lo publique entero en el blog), y, mientras lo hacía, me surgió esta idea para un segundo libro. En un principio lo iba a posponer para cuando acabara el primero, pero al final las ganas me han podido y he empezado a escribirlo en forma de entradas para etse blog. A diferencia de las aventuras del Capitán Galván esta historia ya tiene un fin definido, aunque para eso faltan aún muchas, muchas entregas. La historia es un rompecabezas muy largo, y poco a poco iré añadiendo piezas y descartando sospechas hasta llegar a su conclusión. Solo una persona aparte de mi mismo conoce la respuesta, y espero no se vaya d ela lengua... jeje.

En fin, todo esta aún muy verde, voy gestando ideas que iré añadiendo día a día. De vez en cuando colgaré alguna entrada como esta para ir explicando el por que de cada historia y no os perdais entre ellas. Espero que la cosa vaya para largo y disfruteis con ello.

Gracias por leerme, y hasta pronto.

Recuerdo confuso, primera entrega

"...Y ahora, un clásico de finales de los 80 a petición de nuestra oyente Sara Delgado, que odia los jueves como hoy y dedica esta canción a su novio. Para poneros las pilas a estas horas de la mañana: Hot Hot Hot!!!, de The Cure..."

Y empiezó a sonar susodicha canción en el radio despertador; aunque ya llevaba tres horas de despierto, o quizás soñando que estaba despierto. Las cuatro y media de la mañana, su jornada empezaba a las seis. Se incorporó, se sentía algo espeso y estaba empapado en sudor, pero tenía que empezar a moverse. Decidió darse una ducha de agua un poco fría para despejarse un poco.

Al encender la luz, el caos de su habitación quedó al descubierto. Ropa sucia en el suelo, un pilón de libros a medio leer en la mesita de noche, junto a un gran cenicero repleto hasta los topes de colillas y ceniza. Un armario abierto con las perchas vacías y una cama de matrimonio revuelta en la que dormía solo. No recordaba la última vez que la había hecho, quizás ni siquiera fuera en ese mismo año.Su muda del día reposaba sobre una silla de madera en una esquina de la habitación. Cogió una toalla del armario y la muda y se introdujo en el cuarto de baño.

Se miró al espejo. Habrían pasado unas dos semanas desde su último afeitado, pero tampoco pensaba hacerlo en ese momento. Tardaba mucho en afeitarse y casi siempre acababa llevándose algún corte de la cuchilla. Se lavó los dientes. Se trataba de algo que consideraba muy importante, de las pocas cosas en las que todos los médicos sin excepción están de acuerdo. Hasta se frotó la lengua con el cepillo. Observó sus ojeras mientras llevaba a cabo el procedimiento.

Se metió en la ducha y recapituló sobre su identidad, lo hacía cada mañana, como si se tratara de algún ejercicio de memoria, para asegurar de su lugar quizás.

"Me llamo Daniel Giraldo Barrios, "Dani" para mis amigos. Vivo en Montcada del Vallés, de la provincia de Barcelona, y trabajo en Nutripan SA, una empresa panificadora, una de sus naves industriales en el polígono Santiga, de Barberá del Vallés, en la sección de empaquetado. Vivo solo en mi piso, el cual tengo bastante descuidado aunque siempre diga que un día de estos me pondré a limpiar y ordenar."

Salió de la ducha y encendió la televisión del comedor mientras se servía un café en la cocina. Odiaba el líquido negro de su cafetera, y prefería el que se sirve en los bares, pero no podía permitírselo cada día. Además, no iba a tener tiempo suficiente para sentarse en un bar y disfrutar de la bebida caliente un rato, relajado.

"Cinco cucharadas de azúcar y al comedor. Lo llaman el alimento del cerebro y además disimula el sabor de aguachirri del fluido negro." Reflexionó, mientras llevaba a cabo sus pensamientos.

Las noticias del día eran bastante extrañas. Hablaban sobre un gran agujero encontrado en la superficie de Marte. Al parecer había creado una enorme controversia entre los astrónomos. Algunos afirmaban que este cráter siempre estuvo allí, aunque no fuera avistado antes, mientras otros aseguraban que en la topografía de esa zona del planeta rojo nunca hubo tal agujero, que se trataba de un extraño fenómeno aparecido "por arte de magia" a ser estudiado.

"Los científicos están locos. Nunca se ponen de acuerdo sobre lo que es real y lo que es ficción."
Las seis menos veinte. Salió a por su coche. En quince minutos estaba aparcando en su plaza.

Cogió su ropa de trabajo blanca y su sombrero de panadero del maletero del coche. Llegó el último como de costumbre. Fichó y se dirigió a su puesto de trabajo.

jueves, 29 de enero de 2009

Las aventuras del Capitán Galván, primera entrega

El Mar.

Yo no era más que un muchacho que miraba el mar con anhelo desde las ventanas de la posada que regentaba mi familia en el puerto. Una posada que en un principio estaba destinado heredar, la única posesión de nuestra familia, generación tras generación.

Pero no era eso lo que yo deseaba. Quería navegar libre por el gran azul, vivir la aventura y peripecias de la vida de un marino.

Ya desde muy niño mi madre me contaba las historias de mi abuelo, un pirata. Mi abuela era una mujer de cuna noble, desheredada por concebir una hija bastarda, mi madre, con tal criminal. Crió sola y deshauciada a mi madre, como buenamente pudo. Esta última conoció a mi padre, propietario de la posada, surgió el amor, y finalmente se casaron, pese a la desaprobación de mis abuelos paternos. A partir de esta unión nací yo, junto a mis seis hermanos menores, tres varones y tres hembras.

Mi madre me enseñó también a leer y a escribir, y me dio algunos libros de aventuras que su abuela había robado de la biblioteca de su antiguo hogar en la nobleza. Leí esos libros varias veces, y alimentaron aún más mis ansias por echarme a la mar.

Sin embargo, mi padre insistía en que debía ganarme la vida como un hombre honrado. Siempre he respetado mucho a mi padre y los valores que me transmitió, pero él y yo siempre tuvimos un carácter muy distinto, y es por eso que finalmente marché de su lado en busca de aventura.

Yo ya estaba cansado de barrer y fregar los suelos de la posada, y tramé un plan para escapar de ello: de vez en cuando tripulaciones piratas atracaban en el puerto, y a veces los oficiales descansaban en la posada. Teníamos un buen ron y solían encapricharse de este, así que terminaban llevándose algún barril para sus travesías. Con dieciséis años decidí unirme a la siguiente tripulación que enrolara un barril de estos, infiltrado en el barril en lugar del alcohol. Una vez a bordo ya buscaría el modo de que me aceptaran como miembro.

Lo que ni imaginaba era la clase de tripulación en la que me enrolaría...

Fue dos meses después de cumplir los dieciséis años cuando el barco del Capitán Galván atracó en nuestro puerto, el origen de mis grandes aventuras.

Me hallaba yo fregando cuando el propio Capitán entró a la posada acompañado de su fiel contramaestre. El aspecto de ambos era especialmente peculiar.

El Capitán era un hombre bastante mayor, de no mucho más de metro y medio, con una melena cana rizada, y con las orejas y la nariz más grandes que jamás había visto. Una nariz ganchuda y exagerada, y unas orejas con varios pendientes y colgantes. Lucía un bigote rizado en ambas puntas como si de colas de cerdo se trataran, una barba de chivo y una sonrisa repleta de dientes amarillos y desorganizados, con un par de dientes muy ennegrecidos y uno hecho de plata. Hablaba con su compañero mientras fumaba una pipa. Vestía un largo abrigo de color rojo con algunas manchas y unos encajes amarillentos de camisa asomando en las mangas, además de un pañuelo igualmente envejecido anudado al cuello. Llevaba unas botas marrones refinadas a los pies, pantalones negros y una espada de empuñadura dorada con florituras enfundada al cinto. Sobre su cabeza reposaba un sombrero de tres picos con la insignia en relieve de la calavera y las tibias, con una lata de rapé y una brújula atadas. Andaba encorbado y cojeando con la ayuda de un bastón. Su voz era tan anciana y gastada como su cuerpo y ropajes, aunque reía con fuerza.

Su compañero era de aspecto aún más extraño si cabe. Debía medir casi dos metros, y sus brazos y piernas eran largos y delgados, pero de su abdomen colgaba una enorme panza que casi llegaba hasta el suelo, por debajo de las rodillas, como si llevara un saco de agua atado a su cintura. Habría pensado que eso era de no ser por que esta barriga asomaba por debajo de su camisa. Su rostro era alargado, pero con una gran nariz (aunque no tanto como la del Capitán) redondeada en el centro de su cara. Sus ojos eran saltones y llevaba una larga barba negra espesa. Vestía camisa blanca de nudos y pantalones de pescador de color marrón, con unas botas viejas desabrochadas en los pies, y dos espadas colgando del cinturón. Sobre la cabeza llevaba un pañuelo rojo, y sobre este otro sombrero de tres picos, aunque de menor tamaño y menos detallado que el del Capitán. Al cuello llevaba un silvato en un collar. Le faltaban tres dedos en su mano derecha, uno de ellos el pulgar, lo que me hacía preguntarme para quería realmente una segunda espada. Su voz era grave y potente.

Se sentaron en una de las mesas, el anciano dejó su abrigo colgado en la silla, mientras el grandullón posaba su sombrero sobre la mesa, sin quitarse el pañuelo rojo.

- ¡Muchacho! -se dirigió el viejo hacía mi- Tráenos un par de tragos del mejor ron que tengas en la bodega. Tenemos algo que celebrar.

Abandoné presto la fregona y me dirigí a la barra, donde mi padre ya estaba sirviendo un par de jarras de ron para los marinos. Las tomé y las llevé a los hombres, y me quedé mirando la Jolly Roger del sombrero del Capitán. No eran exactamente el tipo de piratas que esperaba, pero mi decisión ya estaba tomada antes de que aparecieran. Si decidían comprar un barril de ron no esperaría más.

- Te gusta el sombrero, ¿Verdad? -me dijo el viejo- Se lo robé a un corsario inglés que intentó abordarnos. Después de cortarle la cabeza de un tajo -abrió los ojos de manera exagerada mientras lo decía.

Quedé en espera de que terminara la historia cuando mi padre me llamó. Más clientes entraban por la puerta y debía atenderles.

La bebida fue de su agrado, y pidieron más.

- El mejor ron que he probado jamás. No hay nada como el mata-diablos Granadino, te lo digo yo. Digno de la reserva de un rey -comentaba el viejo a su compinche.

Y, tal y como esperaba, encargaron un barril para llevarlo en su siguiente travesía. Su intención era zarpar al día siguiente. Había llegado mi oportunidad.

De modo que, esa misma noche, cambié el barril que debían llevarse por uno vacío en que me introduje yo mismo. Si todo salía según lo planeado, pronto viviría grandes aventuras como hombre libre, sobre mi deseado Mar.

miércoles, 28 de enero de 2009

El sueño de los hechiceros, primera parte

Una vez soñé, y soñé con un mundo donde todo era mar, salvo una gran isla, aunque no lo bastante grande para llamarse continente.

Una pareja de hechiceros de gran poder, viajando a través de realidades por túneles que tan solo unos pocos conocen, encontraron este mundo, y decidieron hacer de esa isla su morada.

Decidieron edificar un enorme palacio, de dos mil plantas de estatura, más un amplio sótano. Mientras uno movía los materiales desde otros planos al lugar, la otra les daba la forma de ladrillos con melódicas canciones. Movieron todos sus bártulos y artefactos arcanos desde sus laboratorios en su tierra natal hasta el sótano del palacio.

Una vez terminado hasta el último detalle, el palacio resultaba ser demasiado grande para tan solo dos personas. Además, creyeron conveniente compartir tal maravilla con más gente. Decidieron convertirlo en la mayor de las posadas, salvo el sótano, que, dado la gran cantidad de enseres mágicos que poseían fue convertido en museo, y la última planta, en la que ellos harían su nido y se alojarían.

No contrataron personal para la posada, pues en su lugar animaron sus objetos con su magia. Un piano en cada alcoba tocaba la melodía que su huésped quisiera, la vajilla de la cafetería tenía vida propia y se servía, recogía y fregaba por si misma, y los libros de la biblioteca volaban desde las estanterías o hasta ellas según si los invitados deseaban leerlos o no. Puertas y ventanas se abrían o cerraban solas según lo ventiladas que estuvieran las habitaciones, las escobas, fregonas y plumeros paseaban limpiando estancia y pasillos, mientras sábanas, toallas y mantas se cambiaban y limpiaban por si mismas, cuando las camas se hacían por arte de magia. De vez en cuando incluso algún espíritu surgió de uno de los cuadros de adorno a hacer compañía a los invitados.

El precio por noche no serían más que tres hojas de abedul, que crecían en la propia isla donde se edificó la estructura, para que cualquiera con la capacidad de llegar hasta tal lugar pudiera disfrutar de su estancia en tan lujoso lugar.

Celebraron una inauguración por todo lo alto, y acudieron todo tipo de seres sobrenaturales: otros grandes hechiceros de otros reinos, Dioses de todas las mitologías y planos, incluso algunos cuyos nombres quedaron olvidados hace tiempo, toda una peculiar hueste de la corte feérica, tanto nobles y vasallos, incluyendo hasta sus reyes, Oberón y Titania, también la mismísima Muerte, que jugó al ajedrez en el salón con la última persona que se había llevado mientras el Diablo intentaba engañar al pobre incauto para conseguir su alma ofreciendole ayuda en la partida.

Contemplaron las mágicas luces de su gran posada-palacio, vibrante de vida, desde su terraza en el último piso. Volaron de la mano con alas de plata encantadas alrededor de su edificio observando su creación joviales y orgullosos mientras compartían ese momento.

martes, 27 de enero de 2009

La cortesía dicta

Os doy la bienvenida, lectores hábidos de nuevas historias que recordar, contar o tal vez de despreciar.

Pero, antes de nada, es de menéster una presentación por mi parte. Podeis llamarme Lenguavil (como seguro ya habreis descubierto) aunque muchos otros sobrenombres ya me han sido otorgados: el "Demente", el "Torcido", incluso "El que hace mucho ruido cuando cierra las puertas", por citar algunos ejemplos.

Puesto que la entrada a mi humilde morada acaba de ser abierta, aún no podreis encontrar muchos escritos, aunque debeis saber que es mi intención daros acceso a un nuevo relato cada día, ya sea uno autoconclusivo, o un fascículo de alguna historia que pueda tener continuidad.

Me gustaría prometeros grandes aventuras en vuestro viaje por mis galerías, pero eso es algo que tendreis que descubrir. Vosotros mismos juzgareis si estas peripecias resultan dignas de vuestro agrado o no. Probablemente algunas más que otras.

Por último tan solo pediros disculpas por cualquier falta ortográfica que podais hallar. Advertidos quedais que, aunque no es mi intención ofender a vuestros ojos, podeis acabar de los nervios ante la ausencia de una tilde o cualquier otro tipo de error de escritura.

Sin más, espero veros pronto por aqui, del mismo modo que espero no tardar en llenar este tapiz de historias tejidas que podais disfrutar.

Hasta pronto.