Millones de patitas se movían al mismo tiempo en las profundidades de las alcantarillas, todas dirigiéndose al mismo lugar, una gran bóveda de esta oscuro subterráneo.
Todas esas ratas se reunieron en este lugar, todas mirando hacía arriba, a una de las balconeras, donde una enorme rata albina de ojos teñidos de sangre les miraba asomada tras el envase agujereado de un yogurt. Un hilo surgía de este envase, y se ramificaba hasta muchos otros iguales repartidos por el suelo y colgados del techo de la sala. La Gran Rata Blanca introdujo su hocico en el interior del plástico de yogurt y empezó a hablar en el idioma de las ratas, el dialecto más hablado del idioma roedor. Su voz resonó por toda la sala gracias al artefacto acústico que habían ensamblado las alimañas.
- ¡Ciudadanos de Cloacapolis! Doscientos años han pasado ya desde que nuestro mayor enemigo, el pueblo de las palomas, nos expulsó de nuestra querida superficie y tomaron posesión de nuestros esclavos humanos. Ocultos entre estos túneles, hemos malvivido durante todo este tiempo gracias a los alimentos que nos han ido enviando a escondidas por sus desagües aquellos humanos que aún permanecían fieles a nosotros. Recordando aquellos tiempos de gloria en que podíamos pasear bajo el cielo, disfrutando de los alimentos y construcciones que nos proporcionaban nuestros esclavos. Doscientos años soñando con el día de nuestro retorno a nuestro verdadero Reino, ¡Aquel que nos pertenece por ley! ¡Camaradas! ¡Ese día ha llegado! ¡Es el momento del resurgir de la era ratuna!
La multitud peluda murmuraba entre si, no creían lo que oían, ¡Las palomas dominaban el cielo! Los roedores, animales terrestres, no podían competir contra eso. Les atacaban desde las alturas, desde las cuáles podían lanzar ataques relámpago sobre los mamíferos sin que estos las pudieran alcanzar. Ni siquiera en otro tiempo, cuando las ratas tenían la superioridad numérica, habían podido hacerles frente. La Gran Rata Blanca tomó de nuevo la palabra y los ciudadanos de Cloacapolis volvieron a levantar sus miradas hacía esta.
- ¡Camaradas! ¡Llamo a la calma, camaradas! Escuchadme con atención, pues no será un ataque desesperado lo que vamos a llevar a cabo. Se trata de una ofensiva a gran escala, planificada con sumo detalle desde hace más de cien generaciones por mi familia, las Grandes Ratas Blancas.
El público ciertamente pareció calmarse al oír esas palabras. Los esclavos humanos que permanecían fieles a la causa roedora habían trabajado mucho en sus laboratorios para crear la inteligentisima raza de las Ratas Blancas, a sabiendas de que era la única clave para recuperar a sus viejos amos ratunos. Esta estirpe fue puesta en libertad junto a sus camaradas de Cloacapolis, y, desde ese mismo instante, comenzó a tramar el modo de recuperar la superficie. Se hizo silencio y todos los reunidos prestaron atención.
- ¡Gracias! Como decía, se trata de una ofensiva planificada al detalle desde hace generaciones. Hace años pusimos en marcha un programa de guerra bacteriológica, y nuestros exploradores confirman que ha dado sus frutos, ¡Actualmente son un pueblo enfermo! Y no solo eso, ¡Muchas de ellas hasta han perdido su capacidad para alzar el vuelo!
Una brizna de esperanza se iluminó en los ojos del pueblo de Cloacapolis, existía una oportunidad.
- ¡Y además! ¡Ya no somos el pueblo salvaje de antaño! Gracias al cerebro de la familia de Ratas Blancas, ahora disponemos de un gran arsenal bélico, si, nos hemos tenido que rebajar a estudiar los conocimientos de ingeniería de los, mentalmente inferiores, esclavos humanos; pero, gracias a esto, hemos desarrollado un armamento temible. Si algo hemos aprendido de los humanos y sus tremendamente autodestructivas guerras llevadas a cabo para servirnos y divertirnos, es la capacidad de matar al enemigo mediante el uso de la ciencia.
Esta vez fue el ardor guerrero el que se iluminó en los ojos de las ratas. Empezaban a creer realmente en sus posibilidades de victoria.
- Tal vez ahora sean más numerosas, de mayor tamaño y muchas conserven su capacidad de vuelo, ¡Pero son un pueblo enfermo y bárbaro! ¡La ciencia esta de nuestra parte! ¡El resurgir de la era de las Ratas esta al alcance de nuestras patas! ¡Nuestro momento ha llegado! ¡Las que antaño fueron nuestras calles volverán a serlo, recubiertas de sangre y plumas esta vez!
Y la multitud estalló en jubilo. Vitorearon a la Gran Rata Blanca y se prepararon para la guerra. Su poderoso y orgulloso pueblo recuperaría su prosperidad. Satisfecha, la Gran Rata Blanca se internó en los túneles de vuelta a su madriguera, a ultimar los detalles estratégicos del ataque junto al resto de Ratas Blancas.
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