Daniel se encontraba en el almacén, empaquetando cajas de panes para gasolineras y centros comerciales como de costumbre. Su trabajo era mecánico y repetitivo, amenizado tan solo por las conversaciones de su amigo y compañero de trabajo.
Pero hoy se encontraba solo. Se imaginó que algún imprevisto habría retrasado a su amigo. Pasó una hora, luego dos más y su compañero seguía sin aparecer, de modo que empezó a preocuparse por lo que pudiera haberle ocurrido. Se dirigió al encargado de almacén para preguntarle.
Cara a cara con Pedro, su directo superior, empezó a preguntarle, pero se dio cuenta de una cosa: no recordaba el nombre de su compañero. ¿Como era posible que lo hubiera olvidado? No es que a Daniel se le diera muy bien recordar nombres, pero se trataba de alguien a quien veía cada día y con quien pasaba la mayor parte de su tiempo...
Intentó explicarse ante Pedro, pero este quedó perplejo.
- Hace tres años que no tenemos a nadie más compartiendo tu puesto, Dani. Tu eres el único empaquetador que tenemos en el almacén refrigerado -concluyó Pedro.
Daniel quedó aún más perplejo, mirando al encargado mientras pensaba que se trataba de alguna broma extraña. El encargado le miró con cara de preocupación, y Daniel empezó a dudar sobre si realmente existía tal compañero. Su interior se debatía, por que, aunque una parte de él estaba totalmente convencida de que no se trataba de una invención suya si no de unos recuerdos reales, Pedro le había negado este recuerdo con total sinceridad, cuando sabía perfectamente que era una persona a la que nunca se le dio nada bien mentir. Le ponía muy nervioso hacerlo, y el sudor y las miradas al suelo le delataban, pero no mostraba ninguna de estas reacciones.
Dani volvió a su puesto de trabajo cabizbajo y dubitativo. Continuó su jornada hasta la hora del almuerzo.
Llegada esta hora, tomó su bocadillo y salió de la empresa a echarse un cigarro rápido antes de dirigirse a la cafetería a almorzar. Al darle el aire creyó pensar con mayor lucidez, y estuvo seguro de recordar a su compañero, aunque seguía sin dar con su nombre.
Dio una última calada y lanzó el cigarro, para meterse en la cafetería. Sacó un café de la máquina, aún más malo que el que él mismo se hacía en casa, y se sentó con unos compañeros a tomar el bocadillo. Al verter el único sobre de azúcar en el café se quedó extrañado, normalmente no tenía un sobre, si no dos ¿Que había pasado con el otro?
Los compañeros hablaban de la última jornada de fútbol, pero Dani les interrumpió preguntándoles por su supuesto compañero. Le miraron con la misma cara de perplejidad con la que antes le había mirado Pedro. Bebió unos sorbos del café, pero su sabor era más amargo del que estaba acostumbrado, y terminó tirándolo a medias a la papelera.
Entonces entró una chica y uno de sus compañeros la saludó con el nombre de Irene. "Irene." La miró, la conocía, pero no la recordaba bien. Sobretodo, no recordaba que trabajase en el mismo lugar que él. No, la situaba en otro lugar, en otra parte, pero no estaba seguro de dónde.
Transcurrió su media hora de descanso mientras seguía pensando la razón porque que la chica le sonaba. Volvió de nuevo a su puesto acompañado por los otros dos trabajadores, preguntándoles por el camino sobre el tiempo que llevaba Irene en la empresa. Su respuesta fue que la chica había entrado aproximadamente al mismo tiempo que él, haría unos cuatro años.
Dani comenzaba a dudar seriamente sobre su cabeza. Quizás algo en el café de la mañana le hubiera sentado mal y le había dejado descentrado, empezó a pensar.
Continuó trabajando hasta la hora de marchar. Pasó el resto del día viendo la televisión procurando no pensar. "Quizás mañana me encuentre mejor, después de descansar." se dijo a si mismo mientras se metía en la cama.
La historia empiea a coger ritmo, y ha sido hasta emocionante leerla.
ResponderEliminarAbusas mucho de los párafos cortos, pero a mi me gusta, ya que se tratan de historias cortas, y en este contexto me parece correcto los párafos cortos.